lunes, 23 de septiembre de 2013

CRÓNICAS DESDE EL BORDA


CRÓNICAS DESDE EL BORDA
Ramiro Ross

“Al mundo le falta un tornillo…” decía un tango de Cadícamo. Y en un mundo de locos, meterse en un loquero y contar lo que allí se escuchó y se vio, parece una locura, pero puede resultar un libro que por eso, produzca el efecto contrario. Un antídoto a la locura del mundo.        

En la literatura, en Shakespeare por ejemplo, en El Rey Lear, el loco es “un personaje a través del cual aparece la verdad” como recordaba el filósofo Michel Foucault. Porque en parte es como aquel viejo refrán popular que dice: “Los locos y los niños siempre dicen la verdad, a los locos se los encierra y a los niños se los educa”.
En ese sentido podemos decir que Crónicas desde el Borda es sin duda, un libro de locos, de locos encerrados, y un libro en el cual aparece mucho la verdad.

“Todo esto forma parte de un proyecto muy perverso que tiene por objeto quitarnos lo poco que nos queda como individuos, es la forma de decirnos que hacen con nuestros días y nuestras noches lo que se les da la gana, porque para ellos no somos humanos” dice la verdad de Luis, uno de los “locos” internos entrevistados en estas páginas, refiriéndose al control terrorífico y torturador que reciben frecuentemente en el hospital.
Y coincidentemente decía Foucault, que hay una “complicidad entre los psiquiatras y el poder”. Y en sus investigaciones revisionistas históricas nos dice que la psiquiatría y los loqueros o manicomios u hospitales psiquiátricos, nacen con el capitalismo liberal, en Europa en el siglo XIX, y entre otras cosas se convierten es espacios institucionalizados y científicos de experimentación de torturas y drogas de laboratorios millonarios, vigilados por “la policía”. La locura con necesidad sistemática de internamiento, antes no existía en ningún lugar del mundo. Por eso son sincrónicas las palabras de Ramiro cuando nos pregunta: “¿nadie piensa que la salud está más relacionada con tirar muros abajo que con levantarlos? ¿por qué se les quita la libertad, y no conforme con eso, también se les quita la memoria? ¿hay un proyecto para que no vuelvan a ‘ser’? ¿a quién le sirve que sigan en ese estado?”

Porque hay que aclarar que la represión en el Borda no la empezó Macri hace un par de meses. Macri nomás la visualizó. La represión en el Borda –y en la mayoría de manicomios y prisiones- lleva años, décadas, un par de siglos, y estas Crónicas… cuentan: “el 70 % de los internos tiene sida”, y hay infinidad de “denuncias de golpes, atropellos, inyecciones de agua, etc. a que son sometidos” además de a electroshocks, a “las violaciones a los recién llegados, las pulgas en las camas… las ratas que se pasean por todo el hospital… esto sucede en 1998, a 20 cuadras de la Casa de Gobierno, en plena democracia… este genocidio (¡otro más!) que se está llevando a cabo a tres cuadras de la estación Constitución y en estado de derecho”, por que todavía “todo el sistema seguirá funcionando sin contradecir el autoadhesivo que está en la guardia: “LOS ARGENTINOS SOMOS DERECHOS Y HUMANOS”.”  

A principios de los años 70, el (anti)psiquiatra inglés Roland Laing pasó por la Argentina, y por entonces andaba pensando y diciendo que: “la sociedad moderna está peligrosamente enajenada”. Al poco tiempo, justamente, acá llegó la dictadura militar, bajo un plan represivo continental manejado desde el Imperio Yanqui. Y en otra de las Crónicas… aparece casualmente la foto de Videla y las palabras arrancan contando, tangueando: “De tanto estar rodeado de locura, dentro del hospicio y fuera de él…”

Desde los inicios represivos del capitalismo, los llamados “locos” o “locas”, fueron las personas que molestaban al orden establecido. Por eso en plena dictadura, las madres de Plaza de Mayo fueron tildadas de “locas”. Por eso podemos entender que “la locura” o “la enfermedad mental” es en gran parte un “mito” como nos decía el psiquiatra Thomas Sazsz.
Y encontramos entre las Crónicas…, una que lleva la imagen de la historieta El Eternauta. Y cuenta el paso de su autor, Héctor Oesterheld, por el Borda, en esos años 70 de dictaduras gorilas y secuestros, torturas y desapariciones forzadas. Oesterheld finalmente desapareció en un chupadero después de “el electroshock, el empastillamiento, el aislamiento prolongado en la cárcel del hospital, siempre custodiado por un sargento…”

“En un neuropsiquiátrico como éste, todo es muy loco, quienes lo habitan, quienes atienden a los internos y los que dirigen el hospital” escribe Ramiro, que laburó más de una década en el Borda, haciendo Radio Babel desde allí, junto al psicólogo social Andrés Mouratian. Finalmente tanto Ramiro como Mouratian, fueron sacados en pleno neoliberalismo democrático, “por la fuerza” por un “cuerpo de infantería de la policía, destrozando instalaciones y material”, cuando el director del hospital se cansó de las denuncias que hacían en el programa de radio, que era retransmitido por Radio Rebelde desde Cuba.
Sí, así es este libro de locos, donde aparecen muchas verdades. Quien quiera leerlas, que las lea… buscando al libro -o a Ramiro mismo- en la próxima FLIA. 

Crónicas desde el Borda (2008) salió por la editorial independiente Milena Caserola      

Xuan Pablo González, 2013 


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