miércoles, 29 de mayo de 2013

La FLIA: Una Zona Temporalmente Autónoma


En Argentina y en el año ‘83, con el retorno de la “Democracia” -y después de haber vivido una Dictadura terrible durante siete años-, sucedió algo llamativo: hubo un vuelco masivo, en especial de la juventud, hacia los partidos políticos, incluso hacia los de izquierda. Mucha gente llegaba sola a los locales partidarios, las movilizaciones eran muy concurridas. Cualquier boludo que se paraba a gritar fuerte un par de consignas en una esquina, reunía 20, 30 personas sin mucho esfuerzo. Como los milicos habían prohibido los partidos políticos varios creíamos, automáticamente, que deberían ser algo maravilloso.
Con el tiempo y el andar, numerosos activistas nos dimos cuenta que los métodos de estas organizaciones eran bastante parecidos a los de los militares; y en los medios está el fin. Eso hizo que lentamente la gente se alejara de ellos, planteándose la necesidad de crear nuevas herramientas para luchar.
Por eso, después del estallido social del 2001, la multitud no sólo no fue en busca de los partidos sino que creó sus propias organizaciones políticas y sociales (las Asambleas Barriales) con un funcionamiento que reflejara sus deseos más genuinos: horizontalidad, consenso, autonomía, pluralismo, solidaridad. El régimen, ante semejante atrevimiento atacó duro con la policía y sus provocadores, pero su tarea fue completa recién cuando los partidos de izquierda desde adentro -con sus miserias y sus mezquindades- generaron la implosión que las hirió de muerte. Para estos partidos, las Asambleas fueron un estorbo, pero lo que nunca entendieron fue que dejaron una marca indeleble en la subjetividad popular.
La experiencia corta pero intensa de las Asambleas, alimentó los sueños de muchos que vimos cómo es posible construir el Mundo Nuevo aquí y ahora. Esto fomentó búsquedas hacia otras formas de militancia y participación en organizaciones de nuevo tipo, ya que en ningún lado está escrito que la realidad no se pueda cambiar hoy, salvo en la biblia de los conformistas. A propósito de esto, uno de los teóricos contemporáneos del situacionismo, el norteamericano Hakim Bey, en su excelente libro Zona Temporalmente Autónoma se pregunta: “¿Es que estamos condenados, los que vivimos el presente, a nunca experimentar la Autonomía, a nunca habitar ni por un momento una tierra regulada sólo por la Libertad? ¿No nos queda otra opción que la nostalgia del pasado o la nostalgia del futuro? ¿Tendremos que esperar a que la totalidad del mundo sea liberado del control político, antes de que uno sólo de nosotros pueda afirmar conocer la Libertad? La lógica y la emoción se alían para condenar tal posibilidad. La razón establece que uno no puede luchar por aquello que no conoce, y nuestro corazón se rebela frente a un universo tan cruel como para imponer tal injusticia a nuestra generación, sola ante la Humanidad.
En estos antecedentes hay que intentar rastrear el origen de la FLIA, una de las tantas ideas e iniciativas surgidas de todo un devenir histórico, continuidad de un sendero imaginativo y libertario.
La FLIA es una organización que no tiene centro, ni adentro, ni afuera. Cualquiera puede integrar un grupo FLIA; se puede ser parte de ella y al mismo tiempo de otras organizaciones, siendo esto último incluso, algo que la enriquece. Da una respuesta concreta desde la Autogestión, a una tendencia: la gente que cada vez más, deja su pasividad y busca diversos medios para expresarse y comunicar. La FLIA crea la Feria, que básicamente es un mercado, pero no en el sentido capitalista, sino en el sentido comunitario, social. Es un ámbito donde, por ejemplo, se realizan miles de transacciones comerciales sin que intervenga el Estado, es decir, donde no se debitan impuestos con los cuales se sostiene esta infernal estructura burocrática de control (policías, jueces, inspectores, periodistas, obispos, etc.). Además, es un lugar donde compartir saberes, donde expresarse libremente y -tanto o más importante- donde celebrar un encuentro, festivo y único, esperado con paciente ansiedad. Claro que no todo es tan lineal ni tranquilo dentro de las FLIAs; en las discusiones internas, se podría decir que existen dos posturas mayoritarias que intentan convivir: la de los que ven en la FLIA un espacio de expresión artística, cultural, y la de los que lo ven como un lugar desde donde resistir y conspirar. Con toda una rica gama de posiciones intermedias pero también, con relaciones impregnadas de mucho afecto y comprensión.
Y FLIA
La Plata nació sin proponérselo, floreciendo en una estación equivocada, aprendiendo y radicalizándose, colectivizando esta idea en los centros sociales, concluyéndose nómade y errante, transitando un camino desconocido pero sobre todo, contagiando Rebeldía a lo largo de su recorrido. Siempre.

Rubén Bocasucia
Un integrante de la FLIA La Plata


No hay comentarios:

Publicar un comentario