martes, 20 de mayo de 2014

BAILE PERO LUCHE de Eternos Inquilinos


En estos días donde los medios nos mostraron imágenes represivas que parecían salidas de pelis brazileras (subimperiales) tipo Tropa de Élite, lo que veíamos era una Rosario ultrajada por comandos narcopoliciales, que nos hacían olvidar que “hay una Rosario que resiste e insiste en los sueños colectivos inconclusos que conmovieron la ciudad 45 años atrás”, como dijo Carlos del Frade, evocando el Rosariazo, en mayo de 1969. Porque Rosario es una tierra con una larga tradición de luchas y rebeldías, y también de artistas talentosos y populares. Y dentro de la Patria Transgénica y argenta de hoy, en Rosario siguen brotando como hongos: poetas y músicos, vitalistas y mutantes, como los de Eternos Inquilinos.  

La 9na. FLIA rosarina se hizo en el barrio La Sexta, uno de los barrios donde la violenta represión policial recayó, decíamos, días atrás (incluso sobre mujeres, niños y un  bebé de meses: ¡que también fue arrestado!) y precisamente en ese barrio popular se conocieron años atrás los músicos de Eternos Inquilinos (que vienen en su mayoría de pueblos y pueblitos de Santa Fe y Entre Ríos), apoyando la lucha y resistencia de lxs vecinxs, por un conflicto de desalojo de viviendas populares, en un predio abandonado que era un basural. Una lucha de primaveras, veranos, otoños, inviernos, y de vuelta primaveras, con marchas, cortes, escraches, sembró la semilla para esta banda tropicalatina que empezó a crecer y sigue creciendo sacudiendo los esqueletos, con conciencia social.

Eternos Inquilinos debuta ahorita con el disco Baile pero luche, un llamado a la lucha fiestera, o fliestera: Los Eternos Inquilinos tocaron en varias FLIAs rosarinas, y hay miembros de Eternos Inquilinos que son parte activa de la FLIA Rosario.

Eternos Inquilinos reivindica la cumbia villera, el cuarteto, el chamamé, con un espíritu punk-rockero, que los emparenta un poco a Las Manos de Filippi y la Agrupación Mamanis. Pero estos rosarinos ponen más énfasis en el bailar. Y éste bailar luchando nos recuerda esa frase del escritor proletario inglés, D. H. Lawrence: “Hacé la revolución, pero hacéla alegremente”.

El disco arranca con dos versiones memorables: Mariposas de madera, del genial poeta, trovador y saltimbanqui Miguel Abuelo: una canción fundacional del rock argento, con ecos folklóricos (y que influyó desde en “el Flaco” Luis Alberto Spinetta, hasta el metalero almafuertino Ricardo Iorio), que en este caso se vuelve pegadizamente bailable. Y como ya es hora de caminar el disco sigue inmediatamente con Juana Azurduy, uno de los grandes clásicos del cancionero revolucionario latinoamericano (de Félix Luna y Ariel Ramírez), que recuerda a la heroína independencista argenta-boliviana “flor del Alto Perú”, y recuerda también la gesta revolucionaria previa, encabezada por el Inka Tupak Amaru, en 1780. Punto álgido del disco que fluye como el río Paraná, trayendo olitas bailanteras. 

“Hacía cuarenta años que ese terreno estaba baldío y nadie lo usaba y cuando uno se propuso tener una casa y hacer una vivienda, a ellos se les antojó hacer una cancha fútbol cinco”, dice una vecina del barrio La Sexta, en una grabación, como introducción de la cumbia-cuartetera-punk-rockera La Cultura. El territorio es disputado –según los papeles de la Ley de los ricos- por la Universidad Nacional de Rosario, una universidad que como tantas del país, les roban tierras a los pueblos originarios, a campesinos, a gente del pueblo que no tiene –ni el Estado les procura- un terreno ni una vivienda digna, mientras transan con empresas transnacionales extranjeras como la Barrick Gold y Monsanto, manteniendo la maquinaria recolonizadora y transgénica. Y mientras las mayorías de lxs estudiantes cierran los ojos y oídos siendo cómplices de las injusticias estatales-empresariales.

¡No al desalojo! Sí a la vivienda digna, dice una pintada que figura en la contratapa del arte del disco, y que muestra al asentamiento villero de La Sexta: a la derecha el río y los barcos, y en la calle un piquete con gomas quemadas. A la izquierda un auto de la yuta, espiando y vigilando con una cámara. En el cielo un plato volador o un dron, detenido por un pajarraco verde con su revolver láser. Al fondo un amanecer deforme… el amanecer de Eternos Inquilinos.     

Venenamoramiento, es otro de los temazos del disco, una cumbia-romántica en una dulce voz femenina de esas que venenamoran corazones. 

Cuando llegue el alba es otro de los puntos álgidos de este disco bailantero, en plena celebración festiva, amistosa y animosa.

Y cierra con Memorias, un tema cantado por un vecino y músico popular del barrio rosarino, recordando aquella idea de Los Auténticos Decadentes, de que Cualquiera puede cantar.

Baile pero luche (2013) se puede conseguir en las FLIAs, especialmente en las FLIAs rosarinas. O se puede bajar por la interred.
Pese a ser unos doce los miembros de la banda, este disco está sin firmas ni egos, en el anonimato de los desposeídos y los eternos héroes colectivos olvidados.  

Xuan Pablo González, 2014



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